Ir al contenido principal

Cosas de ascensor

Subirte en el ascensor y que se pare en una planta que no es la tuya. Bajarte sin darte cuenta que no es esa tu planta e intentar abrir la puerta de un piso que no es el tuyo. Sí, me ha pasado.

Ir a subirte en el ascensor y cuando ya estás medio dentro, ver que se acerca el vecino más pesado de la comunidad. Darle al botón y esperar que la puerta se cierre y no le dé tiempo de llegar a entrar.

Ir en el ascensor, y que a tu vecino le empiece a sonar su móvil y que tenga como sonido de llamada música clásica. Sonreír y mirarse mutuamente.

Quedarse totalmente callados durante todo el recorrido y que uno se baje y decir: “hasta luego”.

No saber de qué hablar y terminar hablando del tiempo.

Conocer a un vecino que no sabías que tenías y que vive justo enfrente de tu piso.

Ir hablando con un amigo sobre el ruido que forma el vecino de arriba al tocar el piano. No saber que el que está al lado es el hijo del vecino de arriba.

Y a ustedes, ¿Qué cosas os han pasado en un ascensor?

Entradas populares de este blog

La leyenda de la niña de las escaleras

Hace muchos años, en una gran casa de campo, vivía una madre con sus 3 hijas. El padre de éstas había muerto hace años y la madre decidió casarse con el que ella consideraba un buen hombre. El mayor defecto de este individuo era que bebía con regularidad y cuando lo hacía se volvía muy violento. Curiosamente nunca llegó a pegarle a la madre, sino que reservaba su odio para cuando ésta no estaba y maltrataba a las niñas. Especialmente se cebaba con una de ellas, la niña de diez años, a la que golpeaba más que a ninguna, ante la atenta mirada de sus hermanas.
Un día el hombre llegó a la casa más bebido de lo habitual, las niñas estaban formando mucho ruido en la habitación y decidió subir para darles una lección. Cogió a la niña de diez años del brazo y empezó a golpearla. La niña consiguió huir, pero el padre la alcanzó y finalmente la empujó por las escaleras. La niña murió al momento.
El padrastro le dijo a la policía y a la madre de la niña que todo había sido un accidente, que la…

La leyenda de las tres cruces

Según cuentan existe un pueblo rodeado de montañas donde por invierno hay una gran cantidad de tormentas y las lluvias son abundantes. Debido a esto, de las montañas se solían desprender muchas rocas y, además, había numerosas inundaciones. Esto hacía que los vecinos no pudiesen vivir tranquilos.
Sobre principios del siglo XVIII los habitantes de aquella población, hartos de las inundaciones y de los desprendimientos de rocas durante el período invernal, acudieron al fraile Buenaventura para que les diese una solución. 
Este monje que vivía en un convento, que había fundado él mismo en aquella preciosa localidad, pensó una solución. Tras consultarlo con su señor, según él, le dijo al pueblo que iba a colocar tres cruces bendecidas, una cruz en cada uno de los cerros que rodeaban al pueblo.
Tras colocar las cruces, ya no se volvió a caer ninguna roca de esas montañas. Las cruces cumplían su misión de proteger el pueblo.
Unos años más tarde, en su lecho de muerte, el fraile Buenaventur…

La chica de la quinta fila

Todo comenzó un día al finalizar mi clase de recursos humanos en la facultad. Un alumno erasmus se dirigió a mí y me preguntó que si podíamos cambiar la clase de horario y darla una hora antes, para que así no tuvieran una hora libre entre una clase y otra. Yo le contesté que si se ponía de acuerdo todo el grupo no tendría problemas en cambiar la hora.
En la siguiente clase, el mismo alumno levantó la mano y tras yo darle permiso para hablar, se levantó, y propuso al resto de compañeros el cambio de horario. Se escuchó un murmullo en la clase y parecía que todos estaban de acuerdo con aquel estudiante. Entonces yo dije: "Si una sola persona no quiere cambiar el horario no lo cambiaremos". Y seguidamente pregunté: "¿Hay alguien que no esté de acuerdo?".

Sorprendentemente una chica levantó la mano, sin dejarse llevar por las opiniones de sus compañeros. Todo el mundo giro la cabeza para mirar quién había levantado la mano. Yo me quedé perplejo por la valentía que mo…