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La leyenda de la casa maldita

Todo comenzó cuando dos parejas decidieron alquilar una antigua casa para pasar una semana de vacaciones.  La casa estaba situada en un campo cerca de un pequeño pueblo al sur de España. Una pareja estaba formada por Néstor y Verónica, y la otra, por Gabriel y Carla.

Cuando llegaron a la casa, todo parecía normal, la casa estaba muy bien. Tenía dos plantas, y los muebles eran bastante nuevos, sólo una habitación tenía un inmobiliario anticuado. Decidieron dejar ésta última habitación de lado y acomodarse en los otros dos cuartos que tenía la casa. Tras acomodarse, decidieron hacer algo rápido para cenar y acostarse temprano, ya que venían cansados del viaje. Durante esa noche Néstor escucho un ruido, pero le echo las culpas a un árbol que había cerca de la casa y con el viento se movían sus ramas.

Durmieron bien y al día siguiente, decidieron ir andando hasta el pueblo que estaba a pocos minutos. Cuando llegaron al pueblo entraron en un bar, allí se sentaron en una mesa mientras hablaban de lo bien que se lo estaban pasando y de la gran casa que habían encontrado para quedarse. Un anciano, habitante del pueblo, se les acercó al oír donde se alojaban. El anciano sabía una leyenda que había sobre aquella antigua casa que los vecinos conocían con el nombre de Belmellar. Las parejas quisieron conocer la historia creyendo que se trataría de una leyenda más.

El anciano les comenzó a contar la historia. Les dijo: “Aquí en el pueblo se dice que en esa casa vivía una mujer, llamada Victoria Belmellar, su marido y sus 2 hijos, una niña de 5 años y su hermano de 10. Se dice que la niña se ponía ha hablar sola todas las noches, cosa que asustaba a su hermano. Un día el niño asustado se dirigió a la cocina y cogió un cuchillo y lo guardó debajo de su almohada. En una noche lluviosa, con rayos y truenos, la niña se levantó y se fue directa a la cama de su hermano, él se despertó sobresaltado al escuchar a su hermana decir que había llegado su hora. El niño cogió el cuchillo y salió corriendo hasta el cuarto de sus padres, pero su hermana lo seguía de cerca. Los padres se levantaron a escuchar el jaleo, fue entonces cuando entró el niño en la habitación, y sin querer, le clavo el cuchillo al padre, el cuál se desangro rápidamente. No dio tiempo a que llegara el médico y el padre murió. La madre no pudo soportar aquella muerte y tras matar al niño, se suicidó ahorcándose en el árbol que había en la entrada de la casa. En cuánto a la niña, jamás apareció. Algunos dicen que se fue al monte y moriría “porai”. Otros sostienen que alguien la acogió en su casa y que sigue viva”.

Tras escuchar ésta leyenda las parejas siguieron su camino. Y a media tarde llegaron de nuevo a la casa. Todo parecía diferente, tras escuchar aquella historia de la zona, lo que antes era normal ahora resultaba ser terrorífico. Fue aquella noche cuando comenzaron a escuchar voces de un niño por el pasillo que decían: “Verónica, Verónica, Verónica…”. Salían y no había nada. Las voces se dirigían hacia la habitación con el mobiliario antiguo. La puerta de ésta habitación dio un portazo. Las dos parejas decidieron bajar al piso de abajo para estar todos juntos, ya que estaban aterrorizados. Fue entonces, cuánto sonó como llamaban a la puerta de entrada. Los cuatro se dirigieron hacia ella, Gabriel miró por la mirilla y les dijo a los demás: “Es una mujer”. Aquella mujer comenzó a gritar y empujar la puerta porque no le abrían. Ellos cada vez estaban más asustados, finalmente, abrieron la puerta y la chica salió corriendo hasta la segunda planta sin mediar palabra y se encerró en la habitación de la que procedían los ruidos. Los 4 salieron corriendo a coger un móvil para llamar a la policía. Mientras Carla llamaba, todos escuchaban cómo la mujer hablaba sola encerrada en aquella habitación. La policía tardo poco en llegar, ya estaba amaneciendo. En cuánto llegaron los dos agentes de la policía subieron todos corriendo al cuarto y cuando abrieron la puerta, no había nadie.

Por supuesto, los 4 amigos se fueron de aquél lugar corriendo. Y la casa de Belmellar quedó abandonada por el dueño, porque tras conocerse aquella historia, nadie quería volver a quedarse allí.

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